El legado de las parteras de San Miguel

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Grupo de parteras de Ciudad Barrios, San Miguel, cuyos testimonios fueron recolectados a finales de los años 80 y principios de los 90 por el investigador Lorenzo Amaya.
Carmen Molina Tamacas

Carmen Molina Tamacas

@cmtamacas

Una mirada sobre la maternidad en el pasado y el presente de El Salvador con la presentación del libro “Primeramente Dios, yo la alivio”, por Lorenzo Amaya y Paquita Suárez Coalla, publicado por Editorial Campana, Nueva York.

En mis primeros años como estudiante de Antropología, en la Universidad Tecnológica de El Salvador, nos desplazamos hasta Quezaltepeque, una ciudad ubicada hacia el norte de la capital, para hacer un breve estudio sobre las parteras.

Lamentablemente mis compañeros y yo perdimos ese registro, pero recordamos claramente muchos de los consejos que una de nuestras entrevistadas dio sobre cómo atender partos. La entrevista ocurrió en su casa: una “champa” o típica construcción de las zonas empobrecidas semirurales de El Salvador: piso de tierra, paredes de adobe, hamacas en lugar de camas, y un espacio abierto donde deambulaban perros y gallinas de corral.

La señora, bastante anciana, nos contó por ejemplo cómo se dedicaba a cuidar a las futuras madres desde antes que entraran en labor de parto, las “tomitas” o brebajes elaborados con plantas medicinales, cómo influyen las fases de la luna en los embarazos y partos, el parto en sí, y el puerperio.

Algo que no se nos olvida son las indicaciones que le daba a sus pacientes sobre la abstinencia sexual posterior al nacimiento del bebé. “Yo les digo que les digan (a los maridos) que no… porque ellos así de ladito quieren. Hay que decirles “permiso de seriar no hay”. Seriar es una palabra coloquial salvadoreña que significa “rebuscar”, es decir, buscar con insistencia, como fuera posible, tener relaciones sexuales, a pesar de lo lastimada que pudiera estar la recién parida.

Luego hablamos sobre la confidencialidad en el manejo y administración de anticonceptivos, porque muchas mujeres salvadoreñas temen no solo a los maridos (ellos creen que usan anticonceptivos para serles infieles) sino a la ortodoxia de la Iglesia Católica y las iglesias protestantes.

Esto fue hace más o menos 10 años, en ese entonces habían programas de capacitación para las parteras por parte de la Asociación Demográfica Salvadoreña, una entidad no gubernamental. En el presente, la situación ha cambiado, pero en detrimento de las parteras tradicionales, ya que el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social insiste en desprestigiar su trabajo y les dice a las mujeres que no confíen en ellas, que deben buscar los servicios médicos en las Unidades de Salud y hospitales, lo cual plantea una gran paradoja: no son accesibles en términos geográficos y económicos.

Desde 1994 funciona en la población de Suchitoto, departamento de Cuscatlán, la Asociación de Parteras “Rosa Andrade”, una asociación sin fines de lucro, que promueve el reconocimiento y la dignificación del papel de las parteras en la sociedad salvadoreña. “Todas las integrantes de nuestra asociación somos parteras y la mayoría también somos promotoras voluntarias de salud en nuestras comunidades y el municipio de Suchitoto”.

La personería jurídica fue aprobada casi 10 años después por la Alcaldía Municipal de Suchitoto. Según una publicación de la Gaceta de Suchitoto, algunas de las integrantes de esta asociación desarrollan la labor de parteras desde la época de la guerra; han recibido formación por personal sanitario del Ministerio de Salud y por especialistas de otros países en ámbitos de la salud sexual y reproductiva. Ya que es la única asociación de esta naturaleza, organizaron el “Encuentro Centroamericano de Parteras”, que fue realizado en Suchitoto.

Otra revista llamada Gato Encerrado publicó en marzo de 2016 un artículo bastante extenso con entrevistas, algunas con seudónimo, de las parteras integrantes de la Asociación “Rosa Andrade”. Así tenemos testimonios como el siguiente:

“En la época que nosotras empezamos no había nada, ni doctores , ni enfermeras ni nada, solo nosotras para este trabajo, pero hoy en día lo que vale es lo “tiorico”(teórico), solo llenar papeles y papeles, y lo práctico no, por eso lado estamos mal, pero hay muchas mujeres que lo necesitan; hay quienes dicen “yo no voy al hospital, mejor lo tengo en la casa” porque las maltratan. Hay promotores que van a las comunidades pero haya en dionde, en cambio nosotras siempre hacemos una visita mensual a la comunidad—.”, dijo la señora que usó el nombre de “Berta” para dicha entrevistas.

Es precisamente aquí donde el pasado es el presente y el presente es el pasado en sociedades como la de El Salvador y, me imagino de otras en el continente americano.

Las parteras, que han prestado un servicio ancestral, comunitario y voluntario, no solo han sido estigmatizadas -su trabajo es calificado como una “etnopráctica”- sino que relegado por la “sociedad occidental” patriarcalizada y solo son tomadas en cuenta a la hora de las estadísticas.
De acuerdo con un informe de 2012 del Ministerio de Salud, el número de partos atendidos por las parteras en El Salvador pasó de 12.8 en 2005 a 1.0 en 2011, en mujeres de 10 a 49 años. Una cifra demasiado dudosa.

Es precisamente aquí que trabajos como “Primeramente Dios yo la alivio”, investigado por Lorenzo Amaya con la ayuda de Aracely Sánchez a finales de los años 80 y principios de los 90 -en plena guerra civil- y editado por Paquita Suárez-Coalla, son pioneros y deberían ser la punta de lanza para estudiar el legado de estas mujeres que por décadas, y por no decir, siglos, han prestado su sabiduría para el momento más preciado, el del alumbramiento.

Se trata de la recopilación de 24 historias de parteras de Ciudad Barrios, departamento de San Miguel. Una localidad que, por cierto, ahora cuenta con un santo: San Óscar Arnulfo Romero, el arzobispo mártir de El Salvador.

Algunas de las entrevistas fueron realizadas en el Centro de Salud de Ciudad Barrios y otras en los cantones de ese municipio. La metodología usada, indicó Amaya, fue simple: mostrar mucho interés por el trabajo de la partera y lograr un alto grado de confianza para que esta pudiera hablar sin recelos de su historia de vida , de su experiencia en la atención de partos y de los tratamientos con plantas y fórmulas mágico-religiosas que utilizaban para curar algunas enfermedades con el parto y el posparto, así como para el tratamiento de etno-enfermedades como el ojo, el susto, el pujo, el empacho y la mollera”.

Dentro de todo ese conocimiento ancestral, Amaya recolectó nombres de plantas usadas durante el embarazo, el alumbramiento y el posparto; oraciones, rituales, aplicación del conocimiento astronómico, particularmente el de las fases de la Luna. Entre las plantas más mencionadas por las parteras figuran las semillas de San Pedro, raíces de culantro y limón, canela, culantrillo de hacer escobas y hierba de Rosario, entre muchas otras, algunas de las cuales han sido usadas ampliamente en diversas culturas por su aplicación farmacológica. Sobre las diversas tradiciones orales de la región, destaca la de un duende, ya que los pobladores aseguran que vive en un cerro y cortejaba a las niñas.

La principal virtud del autor es devolver el calor humano y respeto con el cual fue recibido por estas mujeres, algunas de edad avanzada y sin escolaridad, pero autodidactas.

El conocimiento de estas mujeres sobre el trato a las madres antes de dar a luz, el parto mismo, la recuperación y la atención del recién nacido en situaciones de carestía material, especialmente en las zonas empobrecidas del campo salvadoreño, da para escribir una enciclopedia. La academia salvadoreña está llamada a hacer un estudio comparativo del estudio de Lorenzo Amaya y el trabajo que desarrollan las parteras organizadas de Suchitoto, para entender el legado, para entender el pasado en el presente que se hace palpable en la cultura salvadoreña.

Lorenzo Amaya hizo la siguiente afirmación: “Los testimonios de estas mujeres reflejan con toda objetividad el sufrimiento, la pobreza y el abandono en el que vive el campesino de nuestro país en las áreas de salud, educación y trabajo”.

¿Qué tanto ha cambiado El Salvador en 30 años?

(*) Texto de la presentación realizada durante el VIII Coloquio Internacional
de Latino Artist Round Table (LART), Centro Español La Nacional, Nueva York.

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